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KorlyAutos cómodos para la edad

Entrar y salir

La altura de la butaca y el umbral, que es donde empieza todo

Nadie compra un auto por la altura del asiento, y casi todo el mundo termina hablando de eso al año de tenerlo.

Publicado 24 de marzo de 2026 · Actualizado 11 de septiembre de 2026

Asiento de conductor y umbral de la puerta, con la puerta abierta, vistos desde afuera
El asiento y el umbral desde afuera: el ángulo desde el que en realidad se decide una compra.

La altura que importa es la de la cadera

La medida útil no es la altura del techo ni la del piso, sino a qué altura queda la cadera cuando uno está sentado. Si al sentarse la cadera queda por debajo de la rodilla, para salir hay que empujarse hacia arriba con los brazos y con la pierna que está afuera.

Si queda a la misma altura o un poco más arriba, el movimiento es girar y pararse, que es el mismo gesto de levantarse de una silla y no lo piensa nadie.

Ese umbral cambia con la estatura y con la rodilla de cada uno. Por eso no hay un número recomendable: hay una comprobación, y se hace sentándose.

El umbral, el escalón que nadie mira

El umbral es el borde de chapa que queda entre la puerta abierta y el piso del auto. Cuando es ancho, la pierna tiene que cruzarlo antes de apoyar, y cuando además es alto, hay que levantarla.

En muchos autos el umbral está tapado por una moldura y parece parte del piso hasta que uno se sienta y siente el borde en el muslo. Vale la pena mirarlo con la puerta abierta y la mano encima.

En camionetas altas el problema se invierte: el umbral es estrecho pero está tan arriba que hay que subir un escalón. La comodidad está en el medio y es bastante estrecha.

Primer plano del umbral de una puerta y el borde del piso del auto

Cuánto abre la puerta y contra qué

Una puerta que abre en dos tiempos y se queda a mitad de camino deja un hueco angosto por donde hay que entrar de costado. Una que abre casi noventa grados deja pasar el cuerpo de frente.

El detalle se comprueba en la calle y no en el salón: contra un cordón alto la puerta abre menos, y en Paraná hay barrios enteros con cordón alto y calle en pendiente.

Las puertas traseras suelen abrir peor que las de adelante. Si el auto va a llevar nietos o a alguien que necesita ayuda para subir, esa puerta es la que hay que probar.

Por qué un auto bajo cansa más de lo que parece

Bajar a un auto bajo es dejarse caer los últimos centímetros, y salir es un impulso con la pierna y los brazos. Cada movimiento aislado no es nada: repetido diez veces por día, aparece a la noche en la rodilla o en la cintura.

El efecto es acumulativo y por eso se atribuye a otra cosa. La gente dice que le cansa manejar cuando en realidad le cansa entrar y salir.

La prueba honesta es hacerlo varias veces seguidas y notar si la última cuesta más que la primera. Si cuesta más con el auto quieto y descansado, en un día de mandados va a costar bastante más.

De qué se agarra uno

Casi todos nos apoyamos en algo para entrar y salir: el marco de la puerta, el respaldo, el volante. Conviene mirar qué hay ahí y si aguanta.

La manija del techo del lado del conductor no está en todos los autos, y en algunos es apenas un tirador plástico pensado para colgar una percha.

El volante es el peor punto de apoyo posible, porque gira, y sin embargo es el que usa mucha gente. Si es el único que hay, el auto tiene un problema de acceso aunque el asiento sea excelente.

Baúl abierto y vacío con el borde de carga a la vista, desde arriba

El acompañante y el asiento de atrás

El asiento del acompañante suele regularse menos que el del conductor y a veces no tiene regulación de altura. Si va a viajar siempre la misma persona, ese asiento merece la misma prueba que el otro.

Atrás la puerta es más chica, el hueco entre el marco y el asiento más angosto y el techo suele caer justo donde va la cabeza al agacharse.

Un auto que uno sube bien y en el que un pasajero no puede subir solo es un auto incómodo, aunque el conductor no lo note nunca.

Cómo medirlo sin instrumentos

Regule el asiento como lo va a usar de verdad, no como se lo dejaron. Después siéntese y párese cinco veces seguidas, con la ropa y el calzado de todos los días.

Ponga la mano sobre el umbral y fíjese si la rodilla pasa por encima o lo roza. Después repita todo del lado del acompañante y en una de las puertas de atrás.

Anótelo en el momento, en el celular o en un papel. A la tercera visita todos los autos se parecen y la memoria empieza a mezclarlos.

Información general. Altura, fuerza y movilidad son distintas en cada persona: lo que acá se describe se comprueba con el auto delante y no con una tabla.