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KorlyAutos cómodos para la edad

El día de la prueba

Qué probar el día de la prueba, con la lista en la mano

La prueba de manejo que ofrecen las concesionarias está pensada para que el auto se luzca. Sirve para otra cosa si uno llega con su propia lista.

Publicado 11 de agosto de 2026 · Actualizado 11 de septiembre de 2026

Volante y tablero vistos desde el asiento del conductor
El puesto de manejo, que es lo único que hay que mirar en los primeros cinco minutos.

Llegue con la lista escrita

Una lista en papel resiste lo que la memoria no: un vendedor amable, un auto lindo y media hora de conversación. Escríbala en casa, la noche anterior, con las tres cosas que no negocia arriba de todo.

Pida cuarenta minutos y dígalo al reservar. Una prueba de diez minutos alrededor de la manzana no alcanza para nada de lo que sigue.

Vaya con la ropa y el calzado de siempre. Una prueba hecha con zapatillas cómodas no dice nada sobre cómo va a ser el invierno con abrigo y botas.

Diez subidas y bajadas, contadas

Antes de arrancar, siéntese y párese diez veces, contándolas. Sí, en la playa de la concesionaria y con alguien mirando. Es la prueba más útil del día y la que más vergüenza da.

Hágalo también del lado del acompañante y en una puerta trasera, aunque no piense llevar a nadie atrás. Los autos cambian bastante entre una puerta y otra.

Si la décima cuesta más que la primera, ese auto le va a costar todos los días. No hay accesorio que arregle eso.

Palanca de cambios automática y consola, en primer plano

Estacionar tres veces, una de ellas mal

Estacione en paralelo entre dos autos, después en batea, y después vuelva a salir de un lugar apretado. Son las maniobras que uno hace de verdad y las que ningún recorrido de prueba incluye.

Haga una a propósito quedando mal, y corríjala. Ahí se nota el radio de giro, la vuelta de volante y si la cámara y los sensores sirven o distraen.

Pruebe también con el auto detenido y las ruedas giradas a tope: en algunos autos la dirección se pone dura justo en esa maniobra.

La ruta propia, no la del vendedor

Los recorridos que proponen las concesionarias suelen ser avenidas anchas y pavimento parejo. Lleve escrito el suyo: la cuadra donde vive, la subida que hace todos los días, la esquina complicada del supermercado.

Incluya un lomo de burro, un empedrado o una calle con pozos. Y si su vida incluye un tramo de ripio, dígalo, porque cambia bastante lo que conviene.

Es un pedido razonable y la mayoría lo acepta. Una negativa cerrada a salir del recorrido armado también es información.

El ruido a cien

Salga a la ruta o a la avenida más rápida que tenga cerca y sostenga los cien un rato, con la radio apagada y la ventanilla cerrada. Escuche el viento en el espejo, el ruido de las cubiertas y si el motor se hace oír.

El ruido es la variable que más se subestima en una compra y la que más cansa en un viaje de tres horas. A los sesenta o setenta pesa el doble, porque el oído completa peor lo que se dice adentro del auto.

Después prenda la radio y hable con el acompañante a volumen normal. Si hay que levantar la voz, ese auto no es para viajes largos.

Carcasa y vidrio de un espejo exterior, en primer plano

El baúl, con lo que carga de verdad

Lleve algo pesado: una damajuana, una valija cargada, el bolso del gimnasio. Cárguelo y descárguelo dos veces.

Lo que decide es el borde de carga, ese escalón entre el paragolpes y el piso del baúl. Si hay que levantar la valija por encima del borde y después bajarla adentro, la espalda se entera enseguida.

Fíjese también en el portón: cuánto pesa al bajarlo, si tiene de dónde agarrarlo sin ensuciarse la mano y si al abrirlo queda demasiado alto para alcanzarlo.

Los quince minutos después de bajar

No decida en la vereda ni en el escritorio del vendedor. Váyase, tome un café en algún lado y escriba lo que notó, mientras está fresco.

Repase la lista punto por punto y ponga sí o no. Lo que quedó en duda es un no hasta que lo pruebe otra vez.

Si va a ver más de un auto el mismo día, escriba antes de subir al siguiente. Dos pruebas seguidas sin anotar en el medio se mezclan sin remedio.

Información general. Altura, fuerza y movilidad son distintas en cada persona: lo que acá se describe se comprueba con el auto delante y no con una tabla.